Todos recordaremos, por utilizarlos o mirarlos en casas de vecinos o familiares, los farolitos a querosen para iluminar el hogar. Personalmente en casa los usábamos porque era de muy bajo costo el mantenimiento. Solamente necesitaban el combustible – querosen y una mecha de un material casi diríamos de hilo, que cuando se prendía por primera vez se llenaba de aire y tomaba la forma de una lamparita eléctrica actual. Desde ese momento, la forma quedaba intacta y se transformaba en un material muy, pero muy frágil. Iluminaba los suficiente como para transitar las primeras horas de la noche. La electricidad y sus beneficios se impusieron como tantos adelantes tecnológicos y hoy estos farolitos son codiciados como adornos nada más. Socialmente hablando, un soporte remplaza por otro. Lo mismo sucedió con los discos de pasta por el CD – antenas giratorias por las antenas satelitales – la pluma por la lapicera, etc. Muy sencillo de comprender. Un soporte remplaza a otro para continuar transmitiendo un mensaje.
Dentro de la macro estructura social, el soporte denominado escuela; y no me refiero solamente a el concepto clásico de escuela, sino toda aquella estructura de educación formal (salones de arte – idiomas – informática – gastronomía – clubes deportivos, etc.) son soportes que actualmente ya están dando claros indicios de ser obsoletos. Podríamos decir que tres grandes soportes se entrecruzan: los medios de comunicación, la escuela y la familia. Estos tres macro soportes son generadores de lo que llamamos “modelos de cultura”. Estos tres, cada uno con diferentes responsabilidades y objetivos, proyectan dentro de nuestra cultura occidental un modelo de vida. Estos modelos son vivencias consientes e inconscientemente proyectadas en nuestro modo de pensar y accionar. Desde los elementos mas triviales hasta los más profundos. Son en definitiva, los “paradigmas que marcan una época”.
Dos de los paradigmas mas evidentes que están presentes desde hace varias décadas son el “éxito y el entretenimiento”. El primero incluso, como bandera propagandística proclamada a los inmigrantes que venían al continente americano en busca de un nuevo sueño: “el sueño americano”. ¿Dónde más que en América para que la vida te diera una nueva oportunidad? Y el entretenimiento como resultado de la tecnología que haría de la televisión un motor increíble llegando a millones de personas con la consigna de entretener la familia luego de un día laboral agitado. Donde las personas que encontraban el éxito, no importa el rubro, podían tener un espacio en la televisión y de esa manera demostrar que el “sueño americano” era posible.
La escuela de principios de siglo con su contrato de alto contenido ético y moral – recordemos las clausulas estrictas, que tenían que ver mas con los social que lo pedagógico; encomendaba a las/os maestra/os tener una vida alejada de estos “dos paradigmas”. El docente no estaba ni tenía el tiempo para ocuparse del éxito y el entretenimiento. Lo que se enseñaba en la escuela, aparte de lo pedagógico, era llevar el mensaje de una sociedad de orden y progreso. Una visión positivista y patriótica. Los pedagogos y políticos de la época en absoluto se imaginaron que los tiempos se transformarían demostrarían lo contrario.
Lo que paso fue el tiempo y como sociedad seguimos creyendo que todavía podemos transmitir el mismo mensaje y con el misma fuerza de antes. Nada más alejado ni más ingenuamente peligroso. El éxito y el entretenimiento es el paradigma vigente, trasladado a la pantalla que comunica y transmite las 24 hs modelos culturales. La escuela, sumergida en su arcaico modelo conservador, es requerida cuando se trata de actividades especificas con salida laboral, pero eso ocurre en estamentos terciarios y o universitarios. Aunque de a poco se van trasladando a otros soportes. Un ejemplo de ello es la nota que aparece en el diario online, gualeguaychúadiario titulada “Cada vez mas jóvenes eligen la educación virtual”.
Algunos docentes pensaran que si realizan su trabajo con responsabilidad y compromiso la educación adquiere otro tinte, pero en realidad es como si construyéramos un farolito que funcionara y brillara su metal. El problema es que sigue siendo un farolito. Es decir, podemos trabajar con toda la responsabilidad y el compromiso que tengamos, pero el soporte es obsoleto, porque sigue funcionando a querosen
Que salida le queda a la escuela en estos términos. Primero pensar que el claustro del orden y el progreso como paradigma ya no existe, que la disciplina de los buenos modales es tan solo un discurso escolarmente correcto, que el patriotismo todavía vive cada fecha alusiva y la solemnidad es signo de civilización. Básicamente tirar todos los conceptos sociales que tenemos al tacho del olvido y dejarnos guiar por lo que creemos que realmente vale la escuela.
No hay nada mas ignorante y contradictorio que reproducir un concepto y ni siquiera tener idea de lo que se esta haciendo. Suena fuerte, es cierto; pero si no giramos el eje vertebral por la cual la escuela tiene un motivo, estamos constantemente reproduciendo políticas pedagógicas. Estas políticas cambian con los gobiernos de turno y los docentes no tenemos muchas veces ni idea si son propuestas genuinas o caprichos de poder.
Durante el surgimiento de la llamada “escuela nueva” – mediados del siglo XIX y principios del XX, se concibieron distintos tipos de escuelas en Europa y EEUU con enfoques naturalisas, espirituales, socialistas, etc; de la cual en nuestro país adhirió a la llamada cientificista y activa con fuerte incidencia en el conductismo. Es decir que nuestra sociedad tan solo conoció un tipo de escuela y bajo este modelo se instauro el discurso escolar. En los años 30 las hermanas Cossettini (Olga y Leticia) ponen en marcha otro tipo de escuela, profundamente allegada al arte, que por supuesto no prospera y hoy queda el recuerdo en la ciudad de Rosario.
La necesidad de concebir otro tipo de escuela es la única soluciona viable a este remendado y obsoleto sistema educativo que no parece ver el fracaso, y sigue insistiendo en darle continuidad con políticas de turno controladoras e inclusión a fuerza de premios y castigos.
Igualmente el soporte completo denominado escuela es imposible en mediano y largo plazo remplazarlo porque estaríamos ante la revolución del concepto escuela, como lo comprendemos actualmente. Lo que propongo es darle a este farolito una luz más actual y duradera dentro del mismo soporte, quiero decir, colocarle una lamparita eléctrica a este farol a queronsen llamado escuela. Si la escuela tiene que tener un motivo de ser, esperemos encontrarlo pronto, porque cada año que pasa, a nadie convence; ¿o continuaremos sometiéndonos a lo que dicte cada tiempo político?
De nosotros depende.
Dardo Vergara



